Historia de la IASD – Ecuador

3 09 2008

La información de la Iglesia Adventista en Ecuador referida en esta página fue enviada por el GM Víctor Hugo Arellano Paredes, dedicado entre otras cosas a la investigación histórica de nuestra iglesia a nivel mundial, de División Sudamericana y en particular escribiendo la historia de los adventistas del séptimo día en el Ecuador además de investigar otros temas de historia sudamericana.

Está escrito rápido y sin mucho estilo, pero cito las fuentes:

La muerte de la señora Davis

La señora Davis murió el 16 de julio de 1907 en Ambato y fue enterrada en el Cementerio Municipal, como el mismo Davis lo expresa.


No hubo el drama tal que predican allá en Ecuador y que fue iniciado como una mentira por falta de investigación por Emma Howell, quien escribe “El Gran Movimiento Adventista” publicado en 1935.


De esa fecha para acá, mucha gente lloró en nuestras congregaciones imaginando el sufrimiento terrible de Davis al salir de madrugada para una quebrada solitaria en Pillo cerca de Ambato.


En 1907 la Revolución Liberal estaba en pleno apogeo y particularmente en Ambato había mucha facilidad para los extranjeros. Había muchos misioneros protestantes en la ciudad. Davis no fue el primero.


Los cementerios fueron los primeros en ser tomados por el gobierno liberal de Alfaro (caudillo liberal que llegó al poder el 5 de junio de 1895) y pasaron a ser de cementerios católicos a cementerios públicos.


Cuando en otros lugares no quisieron ayudar a los primeros adventistas, estos ni cortos ni perezosos acudieron al Teniente Político de lugar y recibieron escolta policial. Esto no quiere decir que no tuvieron problemas, los tuvieron en diversos lugares, pero hay que documentarse por los informes que ellos mismos enviaron y fueron publicados en la Review and Herald y en la Revista adventista.


Jamás pensé al mudarme con mi familia al interior y que aquí en Ambato me sería quitada mi querida compañera. El 16 de julio, después de cinco días de enfermedad, ella cayó dormida. Muchos amigos llegaron a simpatizar conmigo. La dejamos en el Cementerio Municipal debajo de un árbol de mora (morera) grande para aguardar la voz del Dador de vida. Al principio nosotros pensamos que no sería posible que el Señor permitiría su muerte… Thomas H. Davis.

Review and Herald. Setember 26, 1907, p. 17Gracias Victor Hugo Arellano Paredes por tu apoyo y ayuda en este ministerio.

fuente: Victor Hugo Arellano Paredes para clubguiasmayores.com.ar


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